La historia completa
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En los bloques de las pirámides de Guiza hay pintadas en ocre rojo que no dejaron los faraones, sino los equipos que las levantaron. Y esos equipos tenían nombre: «Amigos de Jufu», «Borrachos de Micerino»… Esto es lo que cuentan esas pintadas y el diario de uno de sus jefes.
Nombres pintados en ocre rojo

Cuando una cuadrilla terminaba un bloque o lo llevaba a su sitio, a veces lo marcaba con pintura roja: el cartucho del rey y, al lado, el nombre del equipo. Los egiptólogos han leído así nombres como «Amigos de Jufu» (Jufu es el nombre egipcio de Keops) o «Borrachos de Micerino», que es como traduce Mark Lehner uno de los equipos del reinado de Menkaura.
No es un chiste moderno ni un apodo inventado: los nombres de las cuadrillas se formaban con el nombre de un faraón, y aparecen en los propios bloques. Algunos de esos grafitos están en sitios donde nadie iba a verlos nunca, como las cámaras de descarga que hay encima de la Cámara del Rey de la Gran Pirámide: huecos que sirven para repartir el peso del techo y que quedaron cerrados al terminar la obra.
Hay pintadas que siguen por caras del bloque que quedaron tapadas al colocarlo, o que están del revés: se pintaron en la cantera o en la obra, antes de montarlo. Por eso no se sostiene la idea, que circula por internet, de que alguien las falsificó en el siglo XIX.
Cómo se organizaba una cuadrilla
Cada cuadrilla se dividía en cinco grupos, que los egiptólogos llaman con la palabra griega phyle (en egipcio, za). Los cinco tenían nombre propio: el Grande (wr), el Asiático o «de babor» (sṯ, la traducción se discute), el Verde o «Fresco» (wꜣḏt), el Pequeño (nḏs) y el Último (jmj-nfrt). Y cada grupo se partía a su vez en equipos más pequeños.
El mismo sistema de cinco grupos aparece en los templos del Imperio Antiguo, donde el personal servía por turnos. Ann Macy Roth lo estudió a fondo: era una forma de organizar el trabajo que se usaba en todo el Estado, no un invento de la obra.
¿Cuánta gente había en cada nivel? Aquí entramos en la reconstrucción: Lehner propone cuadrillas de cientos de hombres y equipos de unas decenas, pero son cifras de un modelo, no de un registro. Lo que sí está escrito es la estructura: cuadrilla, cinco grupos y equipos.
- Grupo 1El Grandewr
- Grupo 2El Asiáticosṯo «de babor»: se discute
- Grupo 3El Verdewꜣḏto «Fresco»
- Grupo 4El Pequeñonḏs
- Grupo 5El Últimojmj-nfrt
Cada grupo (za, en griego phyle) se dividía en equipos más pequeños (los cuadraditos). La estructura sale de los grafitos; cuántos hombres había en cada nivel es una reconstrucción. Fuentes: Lehner y Hawass (2017); Roth (1991).
El diario de Merer

En 2013, la misión arqueológica que dirige Pierre Tallet excavaba en Wadi el-Jarf, un antiguo puerto del mar Rojo, y encontró fragmentos de papiro en unas galerías excavadas en la roca que servían de almacén. Son los papiros con texto más antiguos que se conocen, de finales del reinado de Keops.
Uno de ellos es el diario de un inspector llamado Merer, que mandaba un equipo de unos cuarenta hombres. Durante meses anotó, día a día, el ir y venir de sus barcas: cargaban caliza blanca en las canteras de Tura, en la orilla oriental del Nilo, y la llevaban por el río y por canales hasta Guiza, donde se usaba para revestir la Gran Pirámide.
Es un documento rarísimo: no habla de dioses ni de batallas, sino de logística. Viajes, cargas, días de descanso. Parte de esos papiros se expone hoy en El Cairo.
¿Rivales?

En el templo de Micerino, junto a su pirámide, los grafitos de una cuadrilla aparecen en un lado y los de otra en el lado contrario. Lehner lo interpreta como equipos que competían entre sí, cada uno con su tramo de obra. Es una interpretación razonable, pero es eso, una interpretación: por eso en el reel decimos «al parecer, rivales».
Lo que sí deja claro todo esto es la imagen de la obra: no una masa anónima de esclavos, sino equipos organizados, con nombre, con jefes que llevaban la cuenta y con orgullo de grupo. De quién era esa gente y cómo vivía hablaremos en ¿Quién levantó la Gran Pirámide? y en Cobrar en pan y cerveza.
Las cámaras de descarga reparten el peso de la piedra sobre el techo de la Cámara del Rey. Quedaron cerradas al acabar la obra: las pintadas no eran para que nadie las viera. Fuente: Lehner y Hawass (2017).


